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  • Luis Palacios Araus

En el ascensor

Juan entra al edificio donde vive su padre para hacerle una visita. Esperando el ascensor

se encuentra a Pedro, uno de los vecinos de su padre. Juan se acerca hasta la zona de los los ascensores, no conoce a Pedro y le saluda con un educado "buenos días" al que Pedro responde con idénticas palabras.


Llega el ascensor y Pedro se dispone a entrar en él. Juan le dice en tono cordial, "sube tu, yo ya espero a que baje el otro ascensor". Los dos llevan mascarilla, pero Juan supone que Pedro ha sonreído.


Y Juan respira aliviado, se dice a si mismo: "me he librado de la incomodidad de compartir ascensor sin saber que decir, y, además, me he comportado como alguien prudente y sensato".


En otras circunstancias, posiblemente, se habría producido una conversación de ascensor algo tensa. Quién sabe, con el tiempo y más encuentros, quizás habría podido terminar en

una de esas relaciones cordiales, algo superficiales, que añaden su granito de arena a nuestro mundo relacional. Aunque sea pequeño y de forma casi inadvertida.

Efectivamente, lo más razonable para prevenir contagios es evitar compartir espacios cerrados y pequeños como un ascensor. Puede ser difícil valorar el precio relacional que pagamos por ello.


Fácilmente, se juzga insignificante, pero cuando se suman muchas pequeñas ocasiones perdidas, el coste total termina resultando elevado.


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